Es difícil romper la barrera del lenguaje. ¿Cuántas veces hemos encontrado un libro que sólo lo traducen a francés, alemán o ruso? Tenemos suerte de saber una que otra lengua romance, pero muchas veces la diferencia lingüística es un problema de comunicación.
En el siglo XVI, ni los españoles ni los indígenas tuvieron la suerte de encontrarse con una lengua parecida a la suya. Podríamos leer todas las crónicas y documentos históricos y aún así no comprender la colisión cultural que existió al primer momento del desembarque extranjero; pero es sorprendente la capacidad de adaptación que ambas culturas tuvieron, a nivel lingüístico, claro. En retrospectiva, el lenguaje era lo único que podían tener en común, la única permuta. Dos cosmovisiones completamente diferentes y ninguna encrucijada.
Tanto los españoles, como los indígenas, obligados a aprender una lengua con un abismo de divergencia, lograron encontrarle una utilidad. ¿Qué provecho existía en la coexistencia de lenguas?
El español, como idioma, fue impuesto; no obstante, sin un conocimiento previo de cada lengua indígena, los frailes españoles no hubieran logrado la imposición de ningún rasgo cultural o religioso dentro del nuevo continente. Las lenguas comenzaron a convivir, se mezclaron y en algún punto se entendieron. Este entendimiento le daría un doble filo al uso del lenguaje durante toda la época colonial, en distintos matices, pero de manera constante.
Nos encontramos con dos textos que no sólo difieren en época, y por lo mismo en todo el contexto en el que se desarrollan, sino en todos los aspectos formales y semánticos por dónde los queramos ver. Pero es inevitable percatarse del recurso común que ambos textos utilizan, el náhuatl. (Es importante destacar que el náhuatl que aparecerá en nuestros textos es de distinta variante, tendremos el clásico de los antiguos mexicanos frente al contrastante nahuatl-español de Nicaragua.) Esta lengua será ambivalente en estos textos, en uno de ellos tuvo como propósito catequizar, en el otro proponía satirizar.
Los coloquios de los doce y El Güegüense, dos textos sublimes en contenido y ambos con un excelente uso del discurso. El idioma se bifurca en dos enfoques completamente diferentes y ambos caminos conducen, sin importar la intención, a una escrupulosa construcción dialéctica. Los documentos distan un siglo y la trama lo refleja, ambos evocan sentimientos distintos, incluso contrarios. La construcción lingüística de esta herencia cultural será determinante para su trascendencia histórica. Enfrentamos un contraste aspectual: Una catequesis en forma de diálogo y un "bailete" dialogado.
Iremos en orden cronológico, Los coloquios de los doce fue un texto elaborado por Sahagún en 1564 el cual contiene los diálogos que hubo entre los doce frailes franciscanos, recién llegados al nuevo continente, y los gobernantes y sátrapas indígenas; estos encuentros fueron fechado en 1524. El diálogo se realizaba de manera pacífica con el propósito, no tan implícito, de conducir a un pueblo "idólatra" a los "gloriosos caminos" del cristianismo. No pretendo adentrarme mucho en la intención teológica del texto, pero es propio resaltar ciertos detalles para comprender plenamente la su elaboración.
Dentro del texto, existen múltiples elementos para creer que el texto no fue sólo un testimonio de aquellos debates sucedidos a comienzos del siglo XVI, sino una re estructuración de esos diálogos para crear un texto didáctico de profunda divulgación entre los pueblos indígenas y crear cierta reacción. No podría ponerlo en mejores palabras que Patrick Johansson en su ensayo "Los coloquios de los doce: Explotación y transfuncionalización de la palabra indígena":
"La lección es clara: si los sabios indígenas y los gobernantes
después de exponer 'libremente' sus ideas religiosas fuero
vencidos por los argumentos cristianos y tuvieron que rendirse
ante la evidencia ¿quién podría dudar que el dios cristiano es el
único dios verdadero?" (Johansson, p. 217)
Aquí es donde nuestra intervención toma cauce. El objetivo era claro: la evangelización (sin entrar en debate con la explotación territorial y la codicia española). Este texto fue construido minuciosamente para funcionar como ejemplo y como doctrina, incluso, adjunto a estos "diálogos" venía adjunto un catecismo para la doctrina cristiana. Hemos de reconocer la habilidad de los frailes para una construcción tan precisa en un idioma nuevo, por esto mismo cabe cuestionar que los diálogos hayan sido transcritos literalmente cuando la lengua apenas comenzaba a aprenderse.
Los españoles lograron reproducir un esquema dialéctico en los Coloquios, y lograron traspasar un diálogo a un monólogo utilizando herramientas propiamente del discurso; añadieron "ecos formales que lo enriquecerán" (Johansson, p.217) . En primer lugar, encontramos un gran manejo del idioma; los antiguos mexicanos solían utilizar como recurso frecuente los difrasismos, que consiste mediante dos palabras expresar un solo concepto, dentro de los Coloquios es muy recurrente este método. La elección de palabras también era de suma importancia, por lo que se tuvo cuidado de no usar conceptos que los indígenas no conocieran, un ejemplo: el pecado, en cambio se utilizan términos como "burla" para referir al daño que ocasionaba la idolatría de los "demonios" a los que consideraban dioses los antiguos mexicanos.
Finalmente y para que el debate de este texto en vez de cerrarse se abra, resaltaremos la cimentación discursiva que el texto utiliza. Los frailes franciscanos comienzan un discurso ameno, algo que parece procederá a discusión. En los primero capítulos se enuncia la intención de la llegada de los frailes mandados por el Papa Adriano VI, los beneficios de pertenecer a la doctrina cristiana, las cualidades y el origen del dios cristiano. Esto procede de una anunciación de la respuesta indígena, los frailes utilizan el famoso recurso de la dialéctica. Los españoles formulan preguntas en voz de los indígenas que en seguida serán contestadas de la manera en la que se quiere que se entiende ese tema, sin dar lugar a un debate.
Todos estos elementos reflejan un objetivo en la lectura, los españoles buscaban establecer este texto como adoctrinamiento a los pueblos indígenas y lograr de manera pedagógica su evangelización. ¿No es acaso un uso bastante ingenioso de la palabra? No fue el primero, ni el único texto que tomo el lenguaje como un arma de doble filo, depende de quién la utilice e lado que enseña.
No hemos de olvidar el otro legado cultural, completamente opuesto a nuestro primer texto, que utiliza la otra cara del refinamiento discursivo. Es teatro, es tradición oral, es descuido y al mismo tiempo construcción, es herencia. Teatro nicaragüense del siglo XVII escrito en náhuatl. El Gúegüense es una obra de infinita riqueza que debería tener más difusión, no es como nuestra obra anteriormente citada, un discurso propiamente cuidado y elaborado con minucia de detalles pero es seguro que tiene una profundidad lingüística.
Esta representación satírica tiene dos públicos, el español y el indígena. Se maneja un uso del idioma sorprendente, palabras en náhuatl que en los oídos españoles no tendrían diferencia fonética, para los nativos significarían cosas completamente opuestas. El propósito de esto era satirizar el poder, recurrir a la humillación y a la degradación sin que los extranjeros se percatarn de ello: literatura de resistencia.
la palabra 'tlahtoani' significa literalmente "el que lleva la palabra" y se asemeja mucho a la palabra 'tlahtoloni', que significa "tragón". El güegüense, personaje principal de la obra, se encarga de engañar constantemente a las autoridades para evadir responsabilidad y pago de algunas deudas. A lo largo del texto, nuestro personaje relaciona a las autoridades del pueblo con palabras y oficios que, en náhuatl, tienen otro significado insultante. 'Tracuicuic' significa "escultor", pero también "ladrón"; 'atlilia' significa "fundidor" y se le asemeja a 'atleay' que significa "haragán"; incluso el nombre del personaje es ambivalente: puede venir del vocablo 'huehuetzin' que significa "viejo" o de 'cuecuetzin' que significa "travieso". Son 23 páginas de teatro repleto de este doble sentido, que refleja inconformidad y protesta.
Podemos ver que ambos textos tienen una profundidad infinita y que podríamos pasar horas descubriendo nuevas herramientas que los autores(?) de estos textos. La palabra constituye una herramienta humana desde que el hombre puede hablar y ha sido funcional para todo tipo de sociedades e intenciones. En estos dos textos se encuentran los contrarios, el adoctrinamiento y el reproche. La lengua es perfectamente modificable para transmitir una emoción indirectamente; durante la colonia se tuvo que ser indirecto.
In nahuatlahtomeh, huelitiliztli tlahtolli.
Fuentes: Johansson, Patrick: "Los Coloquios de los doce: explotación y transfuconalización de la palabra indígena" en MASERA, Mariana (coord.), La otra Nueva España. La palabra marginada en la Colonia, México, Azul, UNAM 2002
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