5.12.11

EN TUS TIERRAS BAILARE. Wendy, Delfín y La Tigresa. Juntos por primera vez.

Cada uno tiene su opinión

Popurrí

El sueño
Jorge Luis Borges

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿Por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

















¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

















De sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

















Y que el día deforma en sus espejos
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

Fotos de Alejandra Quiroz


Invocación al dios de las aguas
Andrés Eloy Blanco

Dios submarino, Dios lacustre, Dios fluvial,
uno en el tritón y en la garza
y en la dulce corbeta y el áspero crucero,
Dios del agua, Señor de la Casa de Cristal,
Dios Marinero.
Expresión de agua de tus mil expresiones,
río tendido de Volturno a Cristo,
vuelo del ibis que cruza
del mascarón de Argos
al mastelero de la Santa María, Dios argonauta,
que tiendes a las manos de la Armonía
el río de tu música, largo, como una flauta.
Dios infuso en el lago blanco de la nube
alinderada de azul,

















Dios de espuma en el crespo del corderillo,
Dios tormentoso en la melena del león,
Dios zahorí, estancado en la pupila del tigre,
Dios del río de estrellas que de Oriente a Occidente
cruza de noche el cielo,
Dios del agua combatiente
en el crinado Niágara y el sospechoso Dardanelo:
















Tiende la diestra, donde nace el Río
y la zurda, donde desemboca
-en un cristalino arco de Brahma-
tiende el ánfora de las manos,
Señor del Agua, Viejo Comandante,
hacia los manantiales sonoros,
hacia el tibio remanso
del Orinoco de agua beligerante
brotado de tus sienes, sudado de tus poros
en el sábado de tu primer descanso!


















Fotos de Luis Noguera

El andar detrás de la risa

La sátira ha sido un medio infalible para reflejar rebeldía, hartazgo, reproche, pero aún más importante, exige un cambio. Leer Guamán Poma de Ayala ha sido una experiencia revitalizante, pero es inevitable que cause cierta introspección, tanto personal como social. Guamán Poma, con sus textos y sus ilustraciones nos introduce a un mundo paralelo donde las cosas pueden ser diferentes, donde el cambio ya está hecho y sólo es necesario creerlo parte de uno mismo. ¿Cuánta herencia nos han dejado escritores como Guamán, que con sus ilustraciones hablan más que con páginas y páginas inundadas de palabras?
La sátira es nuestra capacidad de afrontar la realidad, de digerirla y luego de cambiarla. El impacto de las ilustraciones del libro Nueva crónica y buen gobierno de Guamán, llegan a nuestros días con afán de querer transformar la realidad que ahora vivimos. Son circunstancias distintas, pero aún así inconformes. Las historietas del periódico nos son tan distintas, no piden diferentes cambios, a cinco siglos de distancia seguimos utilizando la sátira en imagen, en silencio pero a gritos exigiendo justicia.
¿Hasta cuándo asumiremos que la sátira es sólo el medio de transporte? Que hay que asumirla nuestra y hacer cambios. En toda latino américa se ha continuado la tradición de ilustraciones satíricas.

Imágenes inspiradas en Guamán Poma de Ayala
Perú



Argentina




México





Las imágenes son el reflejo de las exigencias, de lo que puede ser cómico, sarcástico y a la vez profundo. Más que una reflexión, es una invitación; a mí misma y a los lectores a inundarnos con la irresistible literatura de Guamán y dejarnos conmover por las súplicas inmersas en la ironía.




Imágenes obtenidas de:

Otros ritmos

Pensando... Sintiendo Afroamérica.

Desde el S. XV los españoles comenzaron a importar esclavos negros, principalmente de Luanda, a la Colonia. Los esclavos agrupaban en "cabildos". Salían cantando y bailando en procesiones. En consecuencia, existieron representaciones teatrales en las que satirizaban confusiones entre amos y negros, ocasionadas por el lenguaje de los últimos.

Continuó la mezcla:

Cucurumbé

Hay una palabra que se repetía con frecuencia en los fragmentos literarios que imitaban el habla de africanos, su origen es "gurumbé", la cual, por asociación fónica a otras palabras como "gwomba" ("batir la manos") y la raíz bantú "gnoma" ("tambor"), se podría traducir como "música bailable".
No podemos dejar de pensar en la canción de "Circri" cuyo título inscribe una palabra de parecido fónico, "La negrita cucurumbé". El adjetivo probablemente sea la evolución de esa palabra.
De hecho, en esta canción existen reminiscencias de la discriminación racial: un anhelo en la negrita por cambiar su color, seguramente, no por considerarlo feo en sí, sino por los problemas que le ha acarreado.
El pescado con bombín, es un ícono contrapuesto. Un personaje parco o soso, pero quien con su halago logra algo, no en la negrita sino en nosotros. La lisonja no borra el pasado ni las cicatrices, pero ilumina el rostro de sonrisa aunque sea un instante.

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Chacona

A finales del S. XVI se crearon bailes criollos como la "Chacona", danza que llegó a la corte española.



¡Tumba, la-lá-la!

Sor Juana quiere mostrarnos sus aptitudes lingüísticas. Hace un estribillo y unas coplas en voz de un negro puertorriqueño, con el acento que nos podemos imaginar de este sujeto. Se intitula: "Ensaladilla" por la mezcolanza de lenguas que existen en él. Posteriormente un bachiller habla en latín a un ignorante y luego un indio canta en náhuatl y español.
El villancico estaba en un conjunto dedicado a San Pedro de Nolasco, el cual, supuestamente fue interpretado en una misa matutina el 31 de enero de 1677.

Villancico VIII. -Ensaladilla
A los plausibles festejos
que de su fundador Nolasco
la Redentora Familia
publica en justos aplausos,
un negro que entró en la Iglesia,
de su grandeza admirado,
por regocijar la fiesta
cantó al son de un calabazo,

Puerto rico. -Estribillo
¡Tumba, la-lá-la; tumba la-lé-le;
que donde ya Pilico, escrava no quede!
¡Tumba, tumba, la-lé-le; tumba la-lá-la
que donde ya Pilico, no quede escrava!

Coplas
Hoy dici que en las Melcede
estos Parre Mercenaria
hace una fiesa a su Palre,
¿qué fiesa? como su cala.

Eya dici que redimi:
cosa palece encantala,
por que yo la Oblaje vivo
y las Parre no me saca.

La otra noche con mi conga
turo sin durmí pensaba,
que no quiele gente plieta,
como eya so gente branca.

Sola saca la Pañola;
¡pues, Dioso, mila la trampa,
que aunque neglo, gente como somo,
aunque nos dici cabaya!
Mas ¿qué digo, Dioso mío?
¡Los demoño, que me engaña,
pala que ese mulmulando
a esa Redentola Santa!

El Santo me lo perrone,
que só una malo hablala.
aunque padesca la cuepo,
en esa libla las alma.

La "Décima musa" nos sorprende con su fuerte crítica al racismo, tramposo para la razón. Y también con la conclusión que lanza el negro, manifestación de su rebeldía, dado que prefiere hablar y con la palabra liberar al alma, a pesar del castigo físico que su clamor pueda ocasionar. "Tumba" en kikongo significa "alborotar"


La "tumba" llega a Nicolás Gullén en su poema:

Canto negro

¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie.

Mamatomba,
serembe cuserembá.

El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serembó,
yambó,
aé.

Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!

Aquí está la musicalización de este poema, hecha por Quilapayún:

Guaguancó

La danza fue un factor muy importante en esta traducción rítmica y transcultural a la literatura.


El ritmo se siente, el alma se pierde y el torso responde. Aquí verdaderamente no hay límites. No hay más.

Bibliografía:

CRUZ, Sor Juana Inés de, Obras completas, México: Porrúa, 2007

GUILLÉN, Nicolás. César Vallejo, León Felipe, Pablo Neruda, El cuaderno verde del Che, México: Seix Barral, 2007

SWIADON, Glenn: "África en las villancicos del negro: seis ejemplos del siglo XVII" En Masera, Mariana, La otra Nueva España. La palabra marginada en la Colonia, México: Azul, UNAM, 2002, p. 40-52






“No se espante de su rareza inquietante a la incredulidad”



These are our realms, no limits to their sway-

Our flag the sceptre all who meet obey.

Ours the wild life in tumult still to range

From toil to reste, an joy in every change.


Oh, who can tell? not thou, luxurious slave!

Lord Byron.

En nuestros tiempos parece existir un interés “muy bien fundamentado” por lo verdadero. Se establece una línea tajante entre “lo cierto” por un lado y, por el otro, lo que no lo es: “lo falso”. Es difícil que alguien se oponga a esta dicotomía. El uso correcto de estos adjetivos sustantivados está dictado por su referencia a la realidad. La autoridad para señalarnos su justo uso es la ciencia, la cual determina una abstracción veraz que refleja la realidad mediante un método teórico-práctico (racional-demostrable). De esta manera la verdad es un camino exactamente determinado entre el mundo y el pensamiento.

La verdad debe ser emitida por un sujeto.

También, está implícito que sólo hay una vía. En la visión objetiva no hay espacio para la pluralidad (incluso, ésta implicaría contradicción).

Al emitir una opinión (consciente o no) sobre la veracidad de algún suceso, un hombre -o un grupo- le otorga verosimilitud o se muestra incrédulo si tal evento no entra en sus parámetros de “verídico”. Esto es, en cierta medida, una decisión de escuchar a algunas personas y a otras no. Nos basamos, por supuesto, en una cuestión práctica: no podemos abarcar la realidad totalmente, ni ser testigos de cada experimento, pero debemos discriminar para trazar nuestro pensamiento. Entonces, es menester elegir a quién escuchar, y si nos guiamos por la lógica: apelaremos a la autoridad.

La autoridad es algo diferente a la verdad; la autoridad es un fenómeno abiertamente social, está quien predica y quien lo acepta. Se construye mediante el mensaje (y su relación con el referente) y el prestigio –si bien, éste puede suceder al mensaje, una vez creado, formará parte de la legitimidad del emisor-.

¿Quién es la autoridad? El autor, desde la construcción léxica y social. Ahora, nos enfrentamos no sólo a un grupo al que hay que otorgarle credibilidad, vemos que esa colectividad está regida por un individuo, un líder que es la puntera de la vanguardia y la innovación. Lo más importante es que su obra (científica, artística, profesional, etc.) sólo debe retribuírsele a este sujeto, él es el único dueño. Intervenir en ella significaría dañarla y tergiversarla, sería un oprobio. Así, llegamos a nuestra idea de una obra pura, hecha por un autor, y una que no lo es, una sin cohesión o manchada en su infinita genialidad potencial.

Algo parecido pasa con la etiqueta “artístico”, sobre todo si la pensamos enfrentada a otra como “artesanal”. “Artístico” es, por supuesto, la obra de un autor, un mensaje íntegro en forma y fondo. Mientras que “lo artesanal” es producto de varias manos y mentes; probablemente no esté creado a conciencia de expresar; el gusto que demuestre sea vulgar u ordinario; y además, la obra misma, tal vez no sea única en su clase. Esta diferencia no sería importante, si a ambas calificaciones, impuestas por un público, no se les otorgara una relación de valía jerarquizada.

Me he encontrado con diferentes personas que denominan como “ciencia” o “arte” a cualquier actividad humana –especialmente si ellas mismas la practican-. No es mi intención en esta líneas determinar qué es “arte” o “ciencia” y qué no. Aquello que me interesa señalar es que lo hacen con la intención de otorgarle valía social. Demostrando que las calificaciones que el público otorga no son tan inocentes como pretenden desde su “objetividad”.



Una monja sin patria

De pronto, nos encontramos con la Historia de la monja alférez escrita por ella misma. Un texto en el que, según los estudiosos, no debemos buscar “las bellezas de la literatura”. Memorias que ímprobamente fueron escritas por Catalina de Erauso (la monja), las cuales, además, no coinciden con algunos datos precisos, relativos a documentos más serios de su época. Y la primera pregunta que se nos ocurre es: ¿qué estamos leyendo? Y la siguiente: ¿cuál es su valor?

La Historia de la monja alférez es un relato de exilio y su protagonista también lo es. Una mujer que huye de la justicia, de las ciudades, de su hábito y de su sexo.

Empero, este escape es la negación de lo establecido y la creación de un nuevo camino. Vale la pena recordar que abandona el claustro que le ha sido impuesto para no tener que soportar más los maltratos de otra monja abusiva.

Catalina es un personaje extremadamente bravío. Su fiereza es recurso indispensable para defender su honor, para no ser sometida o sobajada. Pero no quiero dar la impresión equivocada diciendo que la monja alférez es sólo víctima de sus circunstancias, no, la “religiosa” disfruta mucho de esta necesidad de mantener su libertad. Se nos presenta como una persona orgullosa y altanera, decidida a vivir como el último cada momento, y pensar en su futuro de vez en cuando.

Sus indómitas hazañas van engrandeciendo su figura a lo largo del relato. La admiración que sentimos por ella se nos vuelve afecto, la contemplamos de la misma manera como gozosamente vemos a un héroe: con sumo cariño y distancia a la vez, profunda empatía ante los peligros y complicidad muda ante sus crímenes.

Indudablemente la monja se convierte en nuestra heroína.

Pero, ¿este personaje, tan extraordinario por sí mismo, convierte en literatura o Historia el texto de su vida? Y ahora sí nos enfrentamos a preguntas colosales: ¿qué es literatura? Y ¿qué es historia?

-Estas preguntas son otras en realidad: ¿quién hace literatura? y, ¿quién hace Historia?-

Luis Díaz G. Viana retoma una distinción platónica entre recuerdo y memoria. Recuerdo es la imagen vívida de alguna situación del pasado. La memoria es la facultad de recordar, o sea, la capacidad de ordenar o hacer consciente algún recuerdo. En oposición al olvido.

Enfrentadas también están la oralidad y la textualidad. Díaz asegura la escritura es sólo un recurso artificial para recordar; empero la herramienta clave para que nosotros podamos entender la escritura está aprendida y enseñada mediante la palabra oral, probablemente con mínima consciencia de que lo que realmente se está transmitiendo es la cultura.

En la cultura se transfieren los recursos necesarios para entendernos entre humanos a pesar del tiempo y la distancia. Díaz los considera a éstos universales, pero que yo no me atrevería a calificarlos así –siempre puede haber excepciones-. Tampoco creo que exista una distinción contundente entre el recuerdo (los datos) y la memoria (la capacidad de retomarlos), porque es difícil marcar el límite en la mente.

Pienso más importante observar que cualquier cosa que se expresa tiene una intención detrás, actuar sobre los que escuchan. El significado social del lenguaje es ineludible, evitarlo, inequívocamente, equivale al silencio.

La historia, como una ciencia, pretende darnos una mirada del pasado, que en su elaboración, al menos, sea lo más objetiva posible. Discrimina testimonios y construye sus propias autoridades.

Sin embargo, la realidad no es una. No la podemos entender en sí misma en tanto que está fuera de nosotros; ni siquiera podemos entenderla en su totalidad desde nosotros mismos. Lo único que podemos hacer es emitir una opinión asumiendo que somos perspectiva y que tenemos fronteras, nada más.

La realidad se construye desde alguna comunión, me parece, de diferentes panoramas contemplados y procesados por diferentes sujetos.

Nuestra monja nos habla de fechas y personas sin precisión. Sus hazañas conjuntas aparentan ser improbables -hasta que terminamos la lectura y nos ponemos a cuestionarlas un poco-.

Catalina nos está diciendo otra cosa. Nos está hablando de su época, de sí misma y de nosotros. Es un personaje carnavalesco y desde su personalidad alternante se encarga de señalar y cuestionar los motivos de algunos límites que parecen naturales y no lo son.

Es un personaje que se mueve entre los opuestos: los votos religiosos y militancia belicosa, lo femenino y lo masculino, la vida y la muerte. Lo hace sin problemas, sólo para demostrar que en verdad no hay oposición y que aquéllos sólo son ideales, inventos racionales que no siempre tienen que ver con la realidad y, sobre todo, que no deben limitarla.

A mí, la monja alférez sí me habla de la verdad. No importa mucho si es ella misma quien me está contando la historia o si alguien más decidió tomar su voz para contarlo porque le pareció interesante. La forma (“no literaria”) fue ejercida con destreza, las escenas cargadas de acción, alejadas de la intimidad y sentimentalismo contribuyeron a erigir un personaje un poco más lejano, reservado y tremendamente admirable, sin que dejara de ser humano. Catalina es una leyenda.

La empatía que sentimos por ella nos habla de algo que sigue vigente: la búsqueda de la libertad. Esta necesidad que yo no sé si es esencial o transmitida en la continuidad de la cultura, pero que está presente en mí y en muchos de los que me rodean –tal vez en todos-.



La monja alférez, como ya dije, está en el exilio de muchas cosas y eso nos da la impresión de que no pertenece a ningún lugar. Por el contrario, Catalina de Erauso y su figura digna y fuerte cimientan en sí misma un sitio del que jamás podrá ser desterrada. Su patria es ella misma.




Bibliografía:

DÍAZ G. Viana, Luis, "Los caminos de la memoria: oralidad y textualidad en la construcción social del tiempo", en Acta Poética. Revista del Centro de Poética. Instituto de Investigaciones filológicas, http://www.revistas.unam.mx/index.php/rap/article/view/17343, consultada el 25 de noviembre de 2011.

ERAUSO, Catalina de, Historia de la monja alférez escrita por ella misma, Madrid: Hiperión, 1986

Fotos por Meli Macarena